domingo, 7 de julio de 2013

El récord del Vicepresidente



Álvaro García Linera es matemático, pero, ante todo, político, y algunas cosas los políticos no olvidan. Sin embargo, aparentemente, el Vicepresidente ha “olvidado” una fecha: 23 de marzo de 2012.

Ese día, seguro estaba en la plaza Abaroa escuchando al presidente Evo Morales en su discurso en el que anunció que Bolivia iría a La Haya para obligar a Chile a sentarse en la mesa de negociaciones y discutir el problema que, sobre el acceso al mar con soberanía, tenemos ambos países. Ese recuerdo, por cierto, lo tiene presente. Pero esa fecha tiene algo más para el Vicepresidente que una circunstancia histórica, como lo es, para los bolivianos.

No se trata en esta oportunidad de una “trampita” que le hizo el periodista que escribe cuando hace un año en el programa Acoso textual de Radio Fides le preguntó qué significaba para él el 30 de enero y no supo responder. La fecha corresponde al cumpleaños de su esposa, pero —hay que reiterarlo— fue una cosa graciosa del programa, sin mayor trascendencia que la de una mirada con el ceño fruncido, con más sonrisa que enojo, que le habría expresado Claudia Fernández a su marido.

La fecha a la que nos referimos, 23 de marzo del año pasado, no es poca cosa en este país que está acostumbrándose a “la primera vez” que usa el Gobierno de complejo de Adán en muchos campos, aunque en otros, y con razón, comienza a pulverizar récords.

El 23 de marzo de 2012, García Linera pasó a ser el vicepresidente con más tiempo en ese puesto en la historia de Bolivia. Ese día, cumplió 2.252 días en su cargo, es decir: seis años, dos meses y un día; con ese día superaba al vicepresidente José Miguel de Velazco, que acompañó al presidente Andrés de Santa Cruz durante todo ese tiempo. Velazco, sin embargo, a diferencia de García Linera, por ahora, fue también cuatro veces presidente de Bolivia.

Pero, a cambio, el actual Segundo Mandatario, al momento de publicarse esta columna había alcanzado los 2.723 días de ser el “vice”, es decir: siete años, cinco meses y 15 días, cifra que hace añicos el récord que ostentaba el camba Velazco del siglo XIX. Posiblemente, las fechas y números no sean del interés del gran público que puede mirarlos hasta con desdén. Es posible que el propio García Linera haya sabido este detalle, pero que lo calló por algo que suele repetir a sus más cercanos colaboradores y en privado. Ese algo es, por lo que se sabe, una mezcla de respetoe incluso temor al presidente Evo Morales para que nada, ninguno de los actos del Vicepresidente, tenga un mayor brillo que los del jefe. Ni siquiera la circunstancia por ahí, anecdótica, de una fecha.

Es más. Se ha instalado en el imaginario popular que el segundo hombre del Gobierno ha tenido que asumir para sí algunos elementos que no le gusta o, por lo menos, no le gustaba: el vestir con corbata, por ejemplo, en una suerte de intento de congraciarse con la clase media a la que supo enamorar en los primeros años y que hoy aparentemente comienza a mirar hacia otro lado o candidato. García Linera también ha asumido la vocería de las malas noticias: el gasolinazo, la contención de la marcha de la gente del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y otras que, a decir de los comunicadores del Órgano Ejecutivo, suele proteger la imagen del Mandatario a costa de la popularidad del Vicepresidente.

A manera de anecdotario también, y jugando con las fechas, hay dos ministros de Morales que, si bien están lejos de alcanzar algún récord, podrían llegar al 15 de diciembre de 2014 —es decir, a pocos días de que el Presidente del Estado concluya su segundo mandato— a superar a José María de Lara, ministro de Hacienda de Andrés de Santa Cruz, que hasta el momento ostenta el récord de haber sido el ministro con más tiempo en su cargo en un solo gobierno. Tanto David Choquehuanca como Luis Arce Catacora, ministros que acompañan a Morales desde su primer día de mandato, podrían en esa fecha superar los 2.514 días de De Lara, aunque una cosa es cierta: será casi imposible superar a Rafael Bustillos, ministro en varios gobiernos y varias carteras con sus casi diez años y medio en esos cargos.

El presidente Morales también podría mirar una fecha: el 19 de octubre de 2015, momento en que, si es reelegido para un tercer periodo, superará el récord en la presidencia continua a De Santa Cruz, que estuvo nueve años, ocho meses y 24 días en el cargo, aunque lejos aún de los 12 años, seis meses y 22 días que Víctor Paz Estenssoro estuvo, en forma discontinua, como gobernante de Bolivia. Este récord podría, sin embargo, también ser superado el 14 de agosto de 2018, pero para que esto ocurra el Gobierno tiene que seguir convenciendo a los votantes, sin tener que deprimirlos y sin tener que reforzar sus sentimientos de culpa, lavándoles el cerebro político en nombre de los desposeídos. Parece que 2018, año de récords rotos, está lejos. Cinco años en la vida de una nación es nada, pero en la de los hombres podrían ser algo. Si no, alguien que tenga la oportunidad que le pregunte a Hugo Chávez.

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